Comunicarse con otras personas significa, tal vez, la habilidad más valiosa que una persona pueda tener porque le da voz propia. Cuando estamos hablando y olvidamos una palabra, por ejemplo, sentimos como si nuestros cerebros nos traicionaran. El fenómeno de tener algo en la punta de la lengua es universal, aunque la información se encuentra justo ahí, en nuestro cerebro, no podemos acceder a ella cuando queremos, en especial, a medida que envejecemos.

No hay por qué sentirse acorralado en un rincón verbal. La investigación muestra que las personas que practican ejercicios mentales que los ayudan a recordar —conocidos como “estrategias mnemotécnicas”— recuerdan con más facilidad palabras, nombres y datos que la gente que se las arregla sobre la marcha y confía en su suerte.

Estrategias inteligentes para todos los días

Mientras trabajas en tus habilidades de vocabulario con estos ejercicios, aprende y practica las siguientes estrategias, que te ayudarán a acceder a las palabras que necesites, cuando las necesites.

Inventa una historia.

Para las listas de palabras que quieras recordar a corto plazo, como una lista de comestibles o de tareas para hacer, se recomienda inventar una historia que vincule a las palabras. La historia debería ser lo más visual posible (de otra forma, solo estarías creando palabras para recordar otras palabras) y lo más tonta o ridícula que puedas imaginar. Por ejemplo, supongamos que tienes tres palabras para recordar: lámpara, limón, auto. Podrías imaginar que enciendes una lámpara del exterior y encuentras limones que están creciendo dentro del auto y saliendo por las ventanillas. Cuanto más imaginativas o elaboradas sean tus imágenes mentales, mejores serán las oportunidades de recordar las palabras.

Agrupa palabras.

Para largas listas de palabras que no es necesario memorizar en orden, agrupa palabras similares. Decide que categoría usar. Si tienes una lista de comestibles, puedes “dividir” los artículos por ubicación en la tienda, grupo de alimentos, tamaño, precio o el lugar donde se guardarán los productos en casa.

Escucha el nombre.

Cuando conoces a alguien y quieres recordar su nombre, el primer paso es escuchar. La mayoría de las personas están tan concentradas en dar una buena impresión que se olvidan de prestar atención a la persona que están conociendo. Concéntrate en escuchar el nombre de la persona. De inmediato repítelo (“Encantado de conocerte, Francisco”) y úsalo cuando te dirijas a la persona en la conversación.

Deja que un nombre te cuente una historia.

Cuando escuches el nombre, piensa en cómo suena y qué imágenes te evoca. Por ejemplo, si conoces a Marina Sastre, puedes visualizar una marina llena de barcos y a un sastre sentado en el muelle remendando velas. Puedes llevar el ejercicio un paso más allá para que te ayude a recordar a esta persona y su nombre, en el futuro. Si Marina es pelirroja, imagina que cada embarcación de la marina está pintada de rojo. Será casi imposible olvidar el nombre luego de una imagen visual tan elaborada.

No todos los nombres se traducen a imágenes con tanta facilidad.

En esos casos, usa cualquier clase de asociaciones que te vengan a la mente. Por ejemplo, si conoces a Julio Park, que se está quedando calvo, podrías pensar que tienes un primo llamado Julio que es calvo. Y que tu primo se casó con una mujer que vivía en Nueva York, lo que te recuerda al Central Park. Puedes imaginar a tu primo Julio sentado en el medio de una calle de Nueva York.

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One Comment

  1. Excelente ejercicio lo tendré en cuenta. Gracias

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