En una relación de pareja o amistad puede haber pensamientos tóxicos, los cuales dificultan el entendimiento y la sana convivencia. Estos son ideas llenas de negatividad que se cuelan en la mente en los momentos menos esperados. Es esa voz interna que especula, enjuicia al otro y al final concluye que las cosas son tal como las pensamos, sin permitirnos siquiera analizarlos otra vez.

Lo malo de esos pensamientos no es su contenido, sino que terminamos creyendo que son verdad y vemos todo lo que nos pasa de ese color. A continuación, te compartimos algunos consejos para recuperar la armonía en la relación:

Escribir. Antes de conversar, especialmente sobre temas delicados, identifica lo que te agobia y escríbelo. Esto te ayudará a hacerte consciente de tus pensamientos tóxicos, como creer que tienes siempre la razón y el otro vive en el error, y determina si eso es en verdad lo que quieres decirle y en esos términos.

Hacer silencio. Prestar atención a tu voz interior te hace consciente del “drama” que nos está contando. Las opiniones negativas y los prejuicios se volverán evidentes si reflexionamos en silencio y luego intentamos modificarlos. Ir al punto. Discutir y defendernos a toda costa nos aparta del propósito del diálogo. Es mejor ir al grano y concentrarnos en lo que realmente es importante para la relación.

Ser afectuosos. Cuando estamos frustrados, tendemos a ser fríos con la otra persona y a alejarnos de ella, pero con esa actitud es imposible restablecer el vínculo. Expresemos lo que queremos decirle, pero siempre con cariño y respeto. No esperemos que nuestra pareja lo haga primero; hagámoslo nosotros, y ella nos seguirá.

Estar alerta. Identifica qué actitudes o acciones del otro despiertan nuestros pensamientos tóxicos nos permite atajarlos antes de que contaminen lo que queremos decir.

Hablar de nosotros. Expresa lo que sientes y lo que necesitas. No uses ese tiempo para decirle al otro lo que debería hacer, sino para invitarlo a reflexionar juntos. No somos sus terapeutas, sino sus compañeros de vida.

Usar las emociones como guía. Los pensamientos tóxicos nos producen emociones tóxicas, y estas son más fáciles de identificar mientras conversamos. Cada vez que surja la ira o la frustración al hablar con nuestra pareja, detengámonos y llevemos el diálogo por el buen camino.

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